Horarios de Misa

El templo permanece abierto todas las mañanas de 10:30 a 13:30horas

Lunes a Sábado 19:00 Horas
Domingo 10.30 horas
12.00 horas
19.00 horas

Despacho Parroquial


Confesiones Media hora antes de la Eucaristía o en horario de despacho o previo acuerdo
Bautimos-Matrimonios-Unción de Enfermos Concretar con el Párroco las fechas
Cáritas Parroquial Todos los Viernes de 18:00-a-20:00 horas
Despacho Parroquial Martes, y Viernes: 18:30 - 19:00 horas

¡Es Cuaresma! Y tú, ¿qué vas a hacer?

A veces decimos, o escuchamos, expresiones como estas: "No me apetece", "no tengo tiempo", "pero, ¿para qué?", "estoy muy liado", etc. Sin embargo, desde el miércoles de ceniza, el Señor vuelve a la carga y no se desanima y dice a toda la Iglesia, a nuestra comunidad parroquial, y a cada uno en concreto: "Pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación" (1 Cor 6,2). O sea, no valen las excusas y pretextos, hay que levantarse y caminar para, como dice también san Pablo, "no echar en saco roto la gracia de Dios".

Y, por eso, al inicio de este camino cuaresmal, que nos conduce a la Pascua, se nos recuerda que hay tres prácticas que nos ayudan a salir de nosotros mismos y a abrir nuestro corazón a Dios y al prójimo: el ayuno, la oración y la limosna. Y hacerlo con una actitud de humildad, sencillez y autenticidad, porque como decía Santa Teresa: "Solo Dios basta".

Nuestra parroquia, como en años anteriores, ofrecerá diariamente unos medios sencillos, útiles y adecuados que nos serán de gran ayuda para hacer realidad el fin que no es otro que la conversión y mejora de nuestra vida cristiana, volviendo nuestro corazón a Dios, fuente de la misericordia, por medio de la oración; al prójimo, necesitado de nuestra caridad, por medio de la limosna y el compartir; y a nosotros mismos, que por medio del ayuno y las privaciones, empequeñecemos nuestro ego y autosuficiencia.

La parroquia es tarea de todos. Participa y colabora en todo lo que puedas (Misas, Retiro, Charla, Confesiones comunitarias, vía crucis, oración ante la cruz de Lampedusa, Día del Seminario, etc.). Nuestra presencia nos enriquece y anima, mientras que nuestra ausencia nos empobrece y debilita.

¡Adelante y feliz Cuaresma a todos!

Juan Carlos, párroco.

DOMINGO VII TIEMPO ORDINARIO – A

Un versículo:“Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Un comentario postal: Jesús continúa reinterpretando la Ley de Moisés, presentando la novedad de su mensaje evangélico. En esta ocasión, los dos últimos contrastes corregidos por Jesús tratan sobre el perdón y el amor a los enemigos.

“Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente”: Es la famosa Ley del talión (tal por tal) presente en la Ley antigua, a la que Jesús responde diciendo: “Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia”. El mandamiento de la caridad llega mucho más lejos que la ley del talión porque llega hasta la paradoja de presentar la otra mejilla, darle la capa, acompañarle dos millas, etc., son algunos ejemplos puestos por Jesús que nos animan a parecernos a Dios, en su ser y actuar, no dando nunca pie al rencor y las represalias, a las ofensas y a la venganza, sino a un perdón gratuito e incondicional, y que son los que rompen la espiral de la violencia y la agresividad y nos hacen entrar en la dinámica de la nueva escala de valores propuesta por Jesús. Decía el Padre Lacordaire, OP: “¿Quieres ser feliz un instante? Véngate... ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona”.

“Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo”, a lo que Jesús responde diciendo: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”. Es el más difícil todavía, porque es evidente que cuesta mucho perdonar, pero es lo más hermoso de la vida cristiana. La culminación del amor se expresa en el amor a los enemigos. Jesús mismo dirá en la cruz: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Una realidad, la del perdón, que toma cuerpo cuando uno recibe y acoge en su corazón el amor de Dios, que es el que hace posible amar como Él, es decir, sin condiciones, sin excepciones y sin límites. Y además, añade Jesús, rezar por ellos, para que Dios les perdone sus pecados con misericordia y puedan convertir sus vidas al amor.

Jesús va más allá de lo que marca la Ley. Él no se conforma con cumplir unos mínimos ni busca bajar el listón del evangelio para captar más discípulos. Si Dios es santo, es amor y misericordia, todos nosotros (sus hijos) hemos de reflejar en nuestra vida esa misma santidad, de ahí que Jesús quiera dejar bien claro la santidad de Dios que ama a todos sus hijos, “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”.

Y concluye el pasaje con esta afirmación: “Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Una invitación de Jesús a vivir la perfección, es decir, la santidad, el amor y la misericordia según el ejemplo que Dios nos ha dejado. La vocación del cristiano se resume en amar y ser santos, y en Jesucristo se nos presenta el espejo donde mirarnos para vivir la caridad en todos los momentos y circunstancias de la vida, incluso en aquellos en los que resulta humanamente casi imposible. ¡Qué bien entendieron este pasaje la multitud de santos y mártires, conocidos y anónimos, que a lo largo de la historia encarnaron en su vida el amor al prójimo, al estilo de Jesús! Ellos merecieron la matrícula de honor en la asignatura del Amor.

Un símbolo: Una imagen del Moisés con la Ley.

Una pregunta:¿Qué obstáculos dificultan que tu vida avance por el camino de la perfección y santidad?