Vigilia de Oración “Por todos los inmigrantes fallecidos en la Frontera Sur y el Mediterráneo”

En la tarde del martes 28 de abril, tras celebrar la Eucaristía, en la capilla del Sagrario, un nutrido grupo de miembros de nuestra comunidad se ha unido en oración acogiendo la propuesta que el Secretariado Diocesano de Migraciones ha dirigido a todas las Parroquias, de recordar a todos los inmigrantes, hombres, mujeres y niños fallecidos en las recientes tragedias ocurridas en el mar Mediterráneo

Somos conscientes, por los medios de comunicación, de los hechos que se están produciendo en las últimos semanas en las que muchos inmigrantes están falleciendo en su intento por cruzar la frontera europea, tratando de huir de situaciones de pobreza extrema, guerra, persecución, violación de los derechos humanos más fundamentales, etc. Son hermanos nuestros que sólo anhelaban ser acogidos en una tierra donde poder comenzar una nueva vida para ellos y sus familias.

Las conmovedoras palabras del Papa Francisco en Lampedusa, han vuelto a resonar entre nosotros ante tanta tragedia de los inmigrantes: Sólo me viene la palabra vergüenza. Es una vergüenza. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!

Recemos -nos dice el Papa Francisco- por los que han perdido la vida, hombres, mujeres, niños, por los familiares y por todos los inmigrantes y unamos nuestros esfuerzos para que no se repitan tragedias similares.

Con el lema “Enciende una luz por los inmigrantes” se ha querido simbolizar que estas muertes no caen en la oscuridad del olvido y la ignorancia, que los cristianos no podemos ser “prisioneros de las sombras de la noche”, y que la Iglesia, que recibe siempre la luz de Cristo Resucitado, no mira hacia otro lado, sino que trata de irradiar permanentemente la Buena Noticia de la Salvación que Cristo nos ha traído, luchando contra la pobreza, la injusticia y la marginación.

Es una realidad, como decía San Juan de la Cruz, que al atardecer de nuestras vidas nos examinarán en el amor, por eso no dejemos de orar por estos dolorosos hechos, y de elevar nuestra palabra evangélica denunciando estas trágicas situaciones que nos golpean, por desgracia, cada vez con mayor asiduidad. Hemos de ser capaces de descubrir el rostro de Cristo en el prójimo necesitado, y los inmigrantes ocupan un lugar preferente entre ellos.