“Crónica del Miércoles de Ceniza”

Este miércoles 10 de febrero nuestra comunidad parroquial iniciaba el tiempo de Cuaresma con la tradicional imposición de la ceniza en las Eucaristías de la mañana y de la tarde.

Ya desde la misma puerta del templo se percibía que estábamos en un tiempo distinto. La imagen del desierto en la lona que preside la entrada del templo, el tono morado de los paños, la ausencia de flores, la austeridad en el exorno, el silencio….

En la Eucaristía, en la que sobrecogía la ausencia de cantos, las lecturas nos hacían una llamada urgente a no dejar pasar este tiempo de gracia, a convertirnos de corazón, a arrepentirnos de nuestros pecados, a cambiar nuestra vida, a volver a Dios. Cuaresma, tiempo de intensificar nuestra oración, nuestro trato con el Señor, de ayunar de todo aquello que nos separa de Él y de volcarnos en obras de misericordia hacia nuestros hermanos.

El padre Juan Carlos nos hacía ver en la homilía las veces que Jesús repite la necesidad de practicar esa limosna, ese ayuno y esa oración en lo privado, donde se produce el verdadero encuentro con el Padre, “que ve en lo secreto”. Conversión no exterior, de hechos y apariencias, sino interior y de corazón.

Con la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas, las palabras “conviértete y cree en el Evangelio” hacían firme el propósito que debe guiarnos desde este momento, con la inmejorable ayuda de la palabra de Dios que nos servirá como una brújula que nos conduce, sin desviarnos del camino, hacia la Pascua de Resurrección.

Cuaresma, tiempo de gracia que se nos regala. No lo dejemos pasar. Desde este momento. Ahora.