Reflexiones de Noviembre

1º Domingo de Adviento / B

Un versículo“Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!”.

Un comentario postal: Llegamos al tiempo litúrgico llamado “Adviento”. Resulta hermoso vivir este tiempo de esperanza (cuatro domingos), que nos conduce a celebrar con gozo y alegría cristiana la Navidad, al tiempo que también preparamos su Venida definitiva.

Nuestra esperanza tiene un nombre, y este es “Cristo”. Fijemos nuestros oídos en sus palabras, y nuestros ojos en su mirada, y mantengamos una actitud vigilante y atenta. Es la serena certeza que brota en nuestro corazón ante la seguridad que Dios es fiel a sus promesas.

En medio de nuestra cultura consumista y de un ritmo acelerado de la vida, que nada ni nadie nos quite, oculte o entorpezca la inmensa alegría que supone mantenernos despiertos y atentos a la venida del Señor. Es la única manera de que no pase de largo Aquel que nos trae la Vida en plenitud. Nuestro Adviento es siempre esperanza por una parte, y fidelidad, por otra.

Un símbolo: La corona de adviento con una vela encendida.

Una pregunta: ¿Qué espero o a Quién espero en mi vida actual?

Domingo 34 del Tiempo Ordinario

Un versículo“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

Un comentario postal: Ciertamente Cristo reina…desde la Cruz. ¡Qué fuerte! Nos gustará más o menos, pero es así. Lo comprenderemos más o menos, pero así lo ha querido. Y Jesús, como Rey, nos señala cómo ser miembros de su Reino y con quién se identifica…

No le demos más vueltas ni mareemos más la perdiz, nuestra salvación nos la alcanza las obras de amor y de misericordia. Si nos quedamos solo en los buenos deseos y en las palabras, no debe extrañarnos que nos quedemos fuera de su Reino.

En el partido de nuestra vida, lo importante no son los minutos que juguemos, ni la posición que ocupemos en el equipo, ni el color de la camiseta…lo importante e imprescindible para ganar pasa por el cumplimiento del mandamiento nuevo del amor al prójimo: Lo que hagamos a uno de nuestros hermanos se lo hacemos en verdad a Él (son los goles de este partido), y lo que dejemos de hacer al hermano dejamos de hacérselo a Él (son las ocasiones falladas).

Un símbolocoronas: Una “real” y una de “espinas”.

Una pregunta: ¿Por qué los cristianos que seguimos a Cristo y procuramos imitarlo en todo… preferimos antes vivir con una corona real sobre nuestra cabeza que con una corona de espinas?

Domingo 33 del Tiempo Ordinario/ A

Un versículo: “Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”.

Un comentario postal: Es verdad que en nuestra vida personal al final lo importante no es lo que tenemos (mucho o poco) sino lo que hacemos con lo que tenemos. Dios nos ha dado a cada uno los talentos (dones) que ha visto oportuno… ¿Para qué? Para que fructifiquen y produzcan. ¡Qué responsabilidad!

Pidamos a Dios la gracia de conocer cuáles son los talentos que nos ha regalado, agradezcamos la confianza depositada en nosotros sin mérito de nuestra parte, reconozcamos también que en ocasiones los enterramos movidos por el egoísmo, ayudemos a los otros a descubrirlos en su vida…

Los talentos no se gastan ni disminuyen cuando se usan en provecho del prójimo, sino que se multiplican, y nos ponen en el camino de la verdadera alegría.

Un símbolo: Tres bolsas con cinco, dos y un talento, respectivamente.

Una pregunta: ¿Qué he recibido de Dios (talentos a nivel humano, familiar, profesional, eclesial, religioso…) y qué he hecho o estoy haciendo con ello?

La Dedicación de la Basílica de Letrán

Domingo 32 del Tiempo Ordinario/ A

La Dedicación de la Basílica de Letrán

Un versículo: “Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús”.

Un comentario postal: Una cosa es el “templo-edificio”, otra es el “templo-comunidad”, y otra es hablar de “Cristo resucitado” como nuestro verdadero Templo. ¡Qué importante es hacer habitables y dignos todos y cada uno de los templos donde nos encontremos! Comencemos por adecentar nuestro interior, para que con la presencia del Espíritu Santo, acojamos gozosamente al prójimo, y juntos compartamos en la vida y en el templo material nuestra condición de hijos de Dios.

La mejor y más necesaria “renovación” de la Iglesia, que está a nuestro alcance, pasa por una mejora de nuestra vida, una conversión de nuestro corazón. ¡Atentos con mirar a otro lado o a los otros! ¡Cuidado con embellecer solo la fachada del templo de nuestra vida para disimular nuestras miserias y nuestras faltas, carencias y pecados…

Un símbolo: Ladrillos de diferentes tamaños y consistencia.

Una pregunta: ¿Qué inconvenientes o dificultades encuentras en tu vida para que Jesús sea el cimiento firme que hace posible que seas un hermoso y acogedor templo de Dios para el prójimo?