Crónica de la Vigilia de Oración, con motivo de la clausura del año de la misericordia

El Papa Francisco convocó a todo la Iglesia para celebrar durante todo un año el Año Jubilar de la Misericordia, con el lema “Misericordiosos como el Padre”. La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, es el día de la clausura, en el que el Papa cerrará este año jubilar. Con este motivo la comunidad parroquial ha celebrado una Vigilia de oración, el sábado 19 de noviembre, para así dar gracias a Dios por los frutos recibidos a lo largo de todo este tiempo, en el que se ha contemplado de un modo más intenso y profundo el misterio de la misericordia: Dios es compasivo y misericordioso.

Durante la oración se han contemplado las obras de misericordia materiales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, visitar a los enfermos, visitar y redimir a los cautivos, y enterrar a los muertos; y las obras espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por lo vivos y los difuntos.

Junto con la sucesión de imágenes y comentarios a cada una de las obras de misericordia, con una hermosa música de fondo, se iban encendiendo unas lámparas de colores dispuestas sobre la mesa del altar, que se unían, cada una de ellas, con unas cintas de colores, con la Cruz parroquial, para significar así la íntima unión que existe entre estas obras de misericordia y la cruz de Cristo de donde brota la auténtica y genuina misericordia. Si no ese está unido a Cristo será improbable que puedan iluminar en nuestras vidas las obras de misericordia. Éstas tienen su fuente en la misma actitud misericordiosa de Jesucristo, que quiso cargar sobre sí las miserias humanas e identificarse con “los más pequeños de sus hermanos”.

Al finalizar la oración se entregó a cada uno de los asistentes una estampa con el logotipo del Año de la Misericordia, en el que podía leerse la siguiente oración: “Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación”. Este es el camino. Y Jesús nos muestra el verdadero rostro del Padre. Más que “hacer”, hay que “ser”: no basta “hacer” obras de misericordia; hay que “ser” misericordiosos. A veces se puede hacer poco, pero nada nos impide tener un corazón misericordioso.